No hay mejor aliño que la humildad, porque con ella se cocinan las ganas de seguir aprendiendo, de observar, de experimentar, de crear, enseñar y compartir. Porque de ella nace la conexión más genuina y desinteresada; porque es el abrazo más cálido para quien se sienta a la mesa; porque nos enraiza y florece, porque tiene memoria y evoca.
El éxito de una cocina sí tiene que ver con el camino andado, pero mucho más con no olvidar aquel primer paso. Sí tiene que ver con el talento y la disciplina, pero mucho más con el genuino deseo de servir sin más que compartir.
Por eso hoy, expreso mi gratitud infinita a quienes a bocados en este andar me han enseñado esto y tanto, y pido para que nunca olviden ni olvidemos que el acto de cocinar y comer es el único en el que todos los seres humanos comulgamos, nos abrazamos y nos compartimos más allá de origen, creencias y estratos.
Mis vítores y respetos a todos quienes hacen y son la octava Bella Arte: la cocina.
Mis honores y cariño a quienes me han regalado en un plato no solo los placeres más deseados, también su historia, sus emociones y sus sueños.
Gracias a aquellos grandes chefs que me han compartido e inspirado. ¡Siempre venturas!
Gracias Jonatán Gómez-Luna por aquél viernes en Octavia, qué fortuna para los chilangos el tenerte más cerquita.
@PaolaNorman